Antes de lo esperado, Dwimordene lo instó a partir. A escondidas, salieron en plena noche a la luz de la bella Ithil. Dwimordene parecía preocupada por algo, pero Fingolion no se atrevió a preguntar qué.
Finalmente, tras esquivar a numerosos guardias no sin dificultad, salieron de las murallas de la ciudad. Una vez ocultos entre la maleza, abrigados por la noche e iluminados por la débil luz de la luna, Fingolion se volvió hacia la elfa.
- Mi señora, creo haberos mostrado lealtad hasta ahora, y me gustaría saber, antes de seguir, el rumbo de nuestra partida. Hacia donde nos dirigimos? Y, si no es mucho preguntar, ¿para qué o por qué?
algunos regresaron a Ossiriand, y las nuevas que allí llevaron llenaron de temor al resto del pueblo, de modo que ya no gerrearon abiertamente, si no que se atuvieron a la cautela y el secreto, y fueron llamados los Laiquendi, los Elfos Verdes.